De las Hemorroides a la Sapiencia

      A los catorce años me fue develado un histórico misterio.
      Por aquel entonces los Beatles se habían separado; el hombre alcanzando la luna se escondía en Vietnam.
      Era un tiempo enfermo.
      Con mi costumbre de no apartarme de las tendencias que marca el momento también yo estaba enfermo; debo decir que no de algún tipo de virulencia social, ni siquiera de enfermedades presentables, como una úlcera o una arritmia cardíaca; lo mío era menos pretencioso: tenía hemorroides.
      Aquel padecimiento me obligó a dirigirme, lo más presurosamente que me permitían las circunstancias, a lo del facultativo familiar.
      Recuerdo (verbo que tampoco me corresponde, Funes) haberme sentado de costado en la sala de espera y con gesto adusto, esto es: cara de tengo hemorroides.,
      El doctor me revisó y sentenció: ¡Almorranas!
      Me dio unas pastillas diciéndome paternalmente:
tomá una de éstas después de haber movido el vientre.

- ¿Mover el vientre, doc?


      Llegué a casa y me remití a la consultora familiar: Mamá.
- Mami –mi voz sonó inquietante- ¿qué es mover el vientre?
- ¿qué? –dijo má distraídamente-.
- El doctor me dijo que tengo que mover el vientre – dije ante el oráculo- ¿tengo acaso que ejecutar una danza de vagas reminiscencias árabes?
- No es para tanto, bestiecita –dijo mami con dulzura- tenés que hacer popó. Mover el vientre es un eufemismo que utilizó el doctor, en lugar de decirte que tenés que cagar –agregó-.

Por aquel entonces, aparte de tener hemorroides, cursaba mis estudios
Secundarios; entre otras materias estudiaba historia, y en aquel cuatrimestre, más precisamente, La Asamblea del Año 13; aquella asamblea que otorgó la libertad de vientres.
      Sentí un rayo de fulminante verdad; también me dolía el culo.
      Los derechos que había otorgado aquella asamblea fueron, graciosamente, abolidos por una asamblea similar en el año siguiente.
      Debe haber sido por el festival del culo libre. Los negros andarían cagando por todos lados, incluyendo el cabildo y sus adyacencias.
      Les habrán dicho con notable acento español:

¡Hala! ¡A liberar el vientre a otro lado! ¡Joder!